
¡Lo siento, abuelita! ¡Lo siento, tías! ¡Lo siento, mamá!…pero a mí no me gusta la música colombiana, más exactamente el Top 100 que RCN y Sonolux amalgamaron en aquel popular paquetaco de 5 CD’s atrevidamente titulado Las Cien Canciones del Siglo. No tengo nada en contra del grupo Ardila Lülle (Ellos hacen ricas cervezas y gaseosas), ni siquiera en contra de mi gente linda, mi gente bella, mi gente colombiana…pero sí lo tengo todo en contra de las canciones que nuestros ancestros nos han querido meter por las orejas de la conciencia desde el pre-kinder hasta el post-grado, de la cuna a la tumba, del crepúsculo al amanecer.
Me disgustan, básicamente, porque nos han querido hacer creer que eso es lo que somos, que en sus líricas está la real esencia de la colombianidad…. Ergo: yo no soy colombiano/la colombianidad es sinónimo de insania.
Tomemos algunos ejemplos:
Soy Colombiano (Rafael Godoy): La primera línea nos introduce ante el mundo como una parranda de alcohólicos: A mí deme un aguardiente, un aguardiente de caña… Probablemente, la musa inspiradora de este beodo verso fue el patrocinio subterráneo de la licorera paisana del autor. El hombre, más adelante, se queja de la supuesta mala calidad del licor foráneo…y de su alto costo: No me den trago extranjero, que’s caro y no sabe a bueno… Se nota, a leguas, la ausencia de gusto y el bajo presupuesto que aqueja el bolsillo de este viejito anisero. Por último, elogia las bondades de la santísima trinidad que le dan sentido a su vida: Muchachas, música y trago… ¿Qué otra cosa puede ser esto más que una paráfrasis tercermundista del legendario slogan “Sex, Drugs & Rock’n’Roll”, tan satanizado por seres como Don Rafael?
Guabina Chiquinquireña (Alberto Urdaneta). Yo, sinceramente, prefiero el descarado I wanna fuck you like an animal de Trent Reznor (el de Nine Inch Nails), incluso el andrógino I want your sex de George Michael (el de Wham!), a soportar la represión sexual que no puede ocultarse en las voces de nuestros Simon&Garfunkel: Garzón&Collazos…Ven, ven, niña de mi amor/Ven a mi ranchito, que te’spero con ardor. Niña de su amor, yo de usted no le hacía caso a este par. Quédese en su casa, más bien, porque tras las puertas de esa cabaña boyacense la espera de una lasciva noche de satirismo enruanado. Eros está inn.
El Sanjuanero (Anselmo Durán). El dúo Calzón Icollantas vuelve a atacar con una nueva apología del licor: sírvame un trago de a 5. Sírvame uno de a 50. Sirva y sirva sin descanso, hasta que pierda la cuenta. No hay mesura en esta canción…¡Qué irresponsabilidad administrativa! Las reinitas que bailan esto en el legendario concurso tolimense, le están rindiendo un tributo inconsciente a Dionisos... Y después se ponen bravos porque Andrés Calamaro confiesa humildemente que se va al parque a fumar un porrito. A todas éstas…¿Es el Sanjuanero un joropo?…¿En qué muladar se consiguen tragos de a 50?
Faltan 5 Pa’ Las 12 (Oswaldo Oropeza) Colombia no se jodió cuando mataron a Gaitán. Se jodió cuando se compuso esa canción, la más inductora al suicidio de toda la lista, la más gris, telerañuda y apocalíptica letra del repertorio criollo. Tanta alharaca genera, cada vez que suena todos los 31’s de diciembre a las cero horas, que el júbilo de fin de año (y la ebriedad) no les ha hecho caer en cuenta de la incoherencia cronológica que reza el estribillo del lamentillo... ¿Cómo es eso de que las campanas de la iglesia están sonando cuando faltan 5 pa’ las 12? Según la leyenda, las campanas esas suenan a la medianoche (00:00), durante los 12 primeros segundos del año, para que uno se trague las 12 uvas mágicas. Nunca suenan faltando 5 minutos para el lacrimógeno momento Kodak (23:55)…¿Quién demonios está allá arriba en el campanario? ¿Cuasimodo de Notredam, embalado por la cocaína santafereña?
Los Guaduales (Jorge Villamil) Ni Morrison, ni Hendrix, ni Joplin se pegaron la traba que se pegó Mr. Villamil aquella tarde otoñal en la ribera huilense. Un coctel de boñiga con telaraña con cabezas de fósforo y arroz envenenado le produjeron a este señor las más delirantes ilusiones audiovisuales del siglo: ante los ojos de este prolífico folklorista, unas estáticas guaduas comenzaron a llorar, reír, danzar y lanzarse al río Magdalena, al ritmo trancero de mirlas y cigarras… ¡Tremendo viaje, maestro Villamil!…¡Bájele al arroz, porque, de seguir así, alucinará con hombres-caimán, arañas peludas, iguanas cafeinoadictas o gatos voladores!
La lista es más larga…pero mi tolerancia es más corta.

5 píos:
Excelente su crítica, es cierto que durante años han intentado convencernos de que la "colombianidad" se encuentra en cosas como el culto a esta preciada herencia musical, de la que muchos no gustamos y no por eso somos menos colombianos.
Oiga Valderrama!
Leerlo es "casi tan bacano" como oirlo! Le toca poner fotos con la consabida cara de neura.
Por ahora, si, Sexo, Drogas Rock&Roll!
Ay que orgulloso me siento de haber nacido en mi pueblo!!!
Sobre los guaduales hay un lío adicional: "el paso alegre del campesino". Un tipo cargando par bultos sobre su espalda por decenas de kilómetros no tiene cómo hacer divertidos sus pasos. No ha terminado la temporada de éxito dela versión criolla de "sister morphine": "esta vida [...] es bonita hasta la muerte con aguardiente y tequila".
Hace unos meses comenté el asunto.
Leerlo me produce nauseas.....ese es el problema de los colobianos: criticamos siempre lo nuestro, lo folclórico, lo autóctono. Pero eso si ponganle esas porquerias de canciones que no dicen nadaaaaa, y...eso sies música.
Siga así compañero.....y si no siente nuestra música pues que hace aquí...lasrguese para la concanchina.....a criticar lo propio a otro lado.
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