
Para los muchos privilegiados que carecen de televisión paga (tevecable, satelital, perubólica, pirateo) y que tienen acceso las invaluables opciones nacionales de entretenimiento catódico (rcn, caracol, uno, a, laseñal…y los respectivos canales regionales) la calidad de vida ascendió desde la generación espontánea de las mal llamadas Tele-ventas. Digo mal llamadas porque Tele-ventas lo son todo en la televisión nacional: desde el Minuto de Dios (con su Azúcar Manuelita) hasta los clips de Adry Tono (que tanto sabe de anatomía personal), pasando por el Mercedes que le vendieron a Betty y los reclutas que le aseguran los Hombres de Acero al Ejército. O sea: la televisión se hizo para entretener, educar e informar; pero, sobre todo, para vender. Decir, entonces, Tele-ventas es tan redundante como decir Audio-radio, Pseudo-falso o Mini-enano. No, entiendo, entonces, por qué la CNT las desterró de la parrilla televisiva.
…………………………………………………………………………………..
Cuál no sería mi sorpresa cuando, anteayer, tratando de buscar alivio a mi tedio semanal, en medio del zapping, me di cuenta de que la sagrada franja de las Tele-ventas estaba invadida por programas convencionales. Llame, indignado, a Inravisión y me informaron que habían sido suprimidas de la pantalla, chica…
¿Cuál era el problema con las Tele-ventas? No le hacían daño a nadie. Por el contrario, nos mantenían al tanto de los nuevos avances de la tecnología. ¿A quién carajos le importa el genoma inhumano, la clonación del curí o los efectos de la ingravidez en la masturbación? Mucho más útiles han sido para la vida humana moderna: el trapero que se exprime a sí solo, el limpiador de vapor para los rincones imposibles de la tina que todos tenemos en casa, el cuchillo que puede cortar chancletas, la chancleta que no la corta ni un cuchillo, el auricular para escuchar las confesiones ajenas, la crema que depila sin dolor al velludo Carlos Echeverry (mi tonto lindo, mi tonto bello, mi tonto colombiano), el menjurje-light que alivió los traumas post-operatorios de la liposucción del Flaco Manosalva, que se quedó sin puesto porque José se cristianizó de la risa.
¿Cuál era la fobia hacia las Tele-ventas? Han sido más útiles para los actores varados que todos los gremios que abogan por ellos sin mucho resultado. Era preferible para ellos echarse honradamente un par de milloncitos al bolsillo a punta de improvisación y carisma, en vez de memorizar un libreto escrito por Perogrullo o de meterse unas narco-bolsitas en el buche. El elenco de Sábados Felices (y uno que otro ex-galán) ha pagado el arriendo perdiendo unos quilates de auto-estima durante una mañana en El Madrugón de Paloquema’o, ofreciendo todo tipo de prendas y accesorios a los mejores precios para los estratos 1-2-3 [la gran mayoría del target colombiano (por el que, clandestinamente, se relamen los bigotes las grandes marcas que, cada vez, venden menos…por lo de la crisis][1]
¿Cuál era la joda con las Televentas? Fueron una fuente de empleo para cientos de personas que, de no ser por ellas, estarían de voceadores de almacenes El Planazo; y una terapia ocupacional para los desempleados que asisten a sus grabaciones. La reiterada aparición de sus productos hizo que muchas mentes creativas patentaran, día a día, invenciones que nos mantienen el vientre pétreo, la nariz kidmaniana, el pelo mohicano, la cerviz descansada, la colita sin estrías, el cerebro vacío de tanta inútil materia gris…y lleno de las más finas cucarachas.
Yo no sé qué sería de nuestras vidas vacías sin el double-burner, el tripple-sucker, el ab-shaper, el sub-normal, el magic-cleanner, el miracle-fisher, la llanta auto-inflable, el condón alargante, los métodos de inglés sin profesor y sin alumno, la auto-superación auto-mática. De no ser por las Tele-ventas no estaríamos enterados de su existencia… ¡Y nos las quitaron del medio masivo!
Los críticos mezquinos las aniquilaron con su cizaña. Los clientes resentidos las lapidaron…pero aún están arraigadas en nuestro inconsciente colectivo por aceptación/negación. Ya quisieran ese poder de sugestión las campañas estatales del mutuo respeto; ya quisieran esa fuerza solapada los anunciantes correctos.
Excelente, por ejemplo, la nueva campaña publicitaria de Axe…pero yo me sigo echando Yodora Classic, obteniendo el mismo resultado. Creativísimos los creativos de Sprite…pero yo me sigo tomando mi agüepanela para volar a la velocidad de mi generación. Innovadores los copies de SOHO…pero yo no cambio mi VEA.
¡Podrán arrancar las Televentas…pero no matarán la primavera!
RÉQUIEM POR LAS TELEVENTAS
(Auto-edited Version)
Para los muchos privilegiados que carecen de televisión paga y que tienen acceso las invaluables opciones nacionales de entretenimiento catódico, la calidad de vida ascendió desde la generación espontánea de las mal llamadas Tele-ventas. Digo mal llamadas porque Tele-ventas lo son todo en la televisión nacional: desde el azucarado Minuto de Dios, hasta los clips de Adry Tono y sus homólogas, pasando por el Mercedes que le vendieron a Betty y los reclutas que le aseguran los Hombres de Acero al Ejército. O sea: la televisión se hizo para entretener, educar e informar; pero, sobre todo, para vender. Decir, entonces, Tele-ventas es tan redundante como decir Audio-radio, Pseudo-falso o Mini-enano. No, entiendo, entonces, por qué la CNT las desterró de la parrilla televisiva.
…………………………………………………………………………………..
Cuál no sería mi sorpresa cuando, anteayer, tratando de buscar alivio a mi tedio semanal, en medio del zapping, me di cuenta de que la sagrada franja de las Tele-ventas estaba invadida por programas convencionales. Llame, indignado, a Inravisión y me informaron que habían sido suprimidas de la pantalla, chica…
Las Tele-ventas o le hacían daño a nadie. Por el contrario, nos mantenían al tanto de los nuevos avances de la tecnología. ¿A quién le importa el genoma inhumano, la clonación del curí o los efectos de la ingravidez en la masturbación? Mucho más útiles han sido para la vida humana moderna: el trapero que se exprime a sí solo, el limpiador de vapor para los rincones imposibles de la tina, el cuchillo que puede cortar chancletas, la chancleta que no la corta ni un cuchillo, el auricular para escuchar las confesiones ajenas, la crema que depila sin dolor al velludo Carlos Echeverry, el menjurje-light que alivió los traumas post-operatorios de la liposucción del Flaco Manosalva.
Las Tele-ventas han sido más útiles para los actores varados que todos los gremios que abogan por ellos sin mucho resultado. Era preferible para ellos echarse honradamente un par de milloncitos al bolsillo a punta de improvisación y carisma, en vez de memorizar un libreto escrito por Perogrullo o de meterse unas narco-bolsitas en el buche. El elenco de Sábados Felices y uno que otro ex-galán han pagado el arriendo perdiendo unos quilates de auto-estima durante una mañana en El Madrugón de Paloquema’o, ofreciendo todo tipo de prendas y accesorios a los mejores precios para los estratos 1, 2 y 3 (4, 5 y 6).
Las Televentas Fueron una fuente de empleo para cientos de personas que, de no ser por ellas, estarían de voceadores de almacenes El Planazo; y una terapia ocupacional para los desempleados que asisten a sus grabaciones. La reiterada aparición de sus productos hizo que muchas mentes creativas patentaran, día a día, invenciones que nos mantienen el vientre pétreo, la nariz kidmaniana, el pelo mohicano, la cerviz descansada, la colita sin estrías, el cerebro vacío de tanta inútil materia gris…y lleno de las más finas cucarachas.
Yo no sé qué sería de nuestras vidas vacías sin el double-burner, el tripple-sucker, el ab-shaper, el sub-normal, el magic-cleanner, el miracle-fisher, la llanta auto-inflable, el condón alargante, los métodos de inglés sin profesor y sin alumno, la auto-superación auto-mática. De no ser por las Tele-ventas no estaríamos enterados de su existencia… ¡Y nos las quitaron del medio masivo!
Yo no sé qué será de nuestras vidas sin las Tele-ventas. Los críticos mezquinos las aniquilaron con su cizaña. Los clientes resentidos las lapidaron. Los esbirros de la censura las echaron a la caneca del olvido…pero, aunque les duela, aún están arraigadas en nuestro inconsciente colectivo por aceptación/negación. Ya quisieran ese poder de sugestión las campañas estatales del mutuo respeto; ya quisieran esa fuerza solapada los anunciantes correctos.
¡Podrán arrancar las Tele-ventas…pero no matarán la primavera!
[1] Si EL TIEMPO vendiera el tiraje de EL ESPACIO, Sergio Cabrera ya habría rodado El Ciudadano Santos

0 píos:
Publicar un comentario en la entrada