sábado 18 de agosto de 2007

TELEVANTAS


Para los muchos privilegiados que carecen de televisión paga (tevecable, satelital, perubólica, pirateo) y que tienen acceso las invaluables opciones nacionales de entretenimiento catódico (rcn, caracol, uno, a, laseñal…y los respectivos canales regionales) la calidad de vida ascendió desde la generación espontánea de las mal llamadas Tele-ventas. Digo mal llamadas porque Tele-ventas lo son todo en la televisión nacional: desde el Minuto de Dios (con su Azúcar Manuelita) hasta los clips de Adry Tono (que tanto sabe de anatomía personal), pasando por el Mercedes que le vendieron a Betty y los reclutas que le aseguran los Hombres de Acero al Ejército. O sea: la televisión se hizo para entretener, educar e informar; pero, sobre todo, para vender. Decir, entonces, Tele-ventas es tan redundante como decir Audio-radio, Pseudo-falso o Mini-enano. No, entiendo, entonces, por qué la CNT las desterró de la parrilla televisiva.
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Cuál no sería mi sorpresa cuando, anteayer, tratando de buscar alivio a mi tedio semanal, en medio del zapping, me di cuenta de que la sagrada franja de las Tele-ventas estaba invadida por programas convencionales. Llame, indignado, a Inravisión y me informaron que habían sido suprimidas de la pantalla, chica…
¿Cuál era el problema con las Tele-ventas? No le hacían daño a nadie. Por el contrario, nos mantenían al tanto de los nuevos avances de la tecnología. ¿A quién carajos le importa el genoma inhumano, la clonación del curí o los efectos de la ingravidez en la masturbación? Mucho más útiles han sido para la vida humana moderna: el trapero que se exprime a sí solo, el limpiador de vapor para los rincones imposibles de la tina que todos tenemos en casa, el cuchillo que puede cortar chancletas, la chancleta que no la corta ni un cuchillo, el auricular para escuchar las confesiones ajenas, la crema que depila sin dolor al velludo Carlos Echeverry (mi tonto lindo, mi tonto bello, mi tonto colombiano), el menjurje-light que alivió los traumas post-operatorios de la liposucción del Flaco Manosalva, que se quedó sin puesto porque José se cristianizó de la risa.
¿Cuál era la fobia hacia las Tele-ventas? Han sido más útiles para los actores varados que todos los gremios que abogan por ellos sin mucho resultado. Era preferible para ellos echarse honradamente un par de milloncitos al bolsillo a punta de improvisación y carisma, en vez de memorizar un libreto escrito por Perogrullo o de meterse unas narco-bolsitas en el buche. El elenco de Sábados Felices (y uno que otro ex-galán) ha pagado el arriendo perdiendo unos quilates de auto-estima durante una mañana en El Madrugón de Paloquema’o, ofreciendo todo tipo de prendas y accesorios a los mejores precios para los estratos 1-2-3 [la gran mayoría del target colombiano (por el que, clandestinamente, se relamen los bigotes las grandes marcas que, cada vez, venden menos…por lo de la crisis]
[1]
¿Cuál era la joda con las Televentas? Fueron una fuente de empleo para cientos de personas que, de no ser por ellas, estarían de voceadores de almacenes El Planazo; y una terapia ocupacional para los desempleados que asisten a sus grabaciones. La reiterada aparición de sus productos hizo que muchas mentes creativas patentaran, día a día, invenciones que nos mantienen el vientre pétreo, la nariz kidmaniana, el pelo mohicano, la cerviz descansada, la colita sin estrías, el cerebro vacío de tanta inútil materia gris…y lleno de las más finas cucarachas.
Yo no sé qué sería de nuestras vidas vacías sin el double-burner, el tripple-sucker, el ab-shaper, el sub-normal, el magic-cleanner, el miracle-fisher, la llanta auto-inflable, el condón alargante, los métodos de inglés sin profesor y sin alumno, la auto-superación auto-mática. De no ser por las Tele-ventas no estaríamos enterados de su existencia… ¡Y nos las quitaron del medio masivo!
Los críticos mezquinos las aniquilaron con su cizaña. Los clientes resentidos las lapidaron…pero aún están arraigadas en nuestro inconsciente colectivo por aceptación/negación. Ya quisieran ese poder de sugestión las campañas estatales del mutuo respeto; ya quisieran esa fuerza solapada los anunciantes correctos.
Excelente, por ejemplo, la nueva campaña publicitaria de Axe…pero yo me sigo echando Yodora Classic, obteniendo el mismo resultado. Creativísimos los creativos de Sprite…pero yo me sigo tomando mi agüepanela para volar a la velocidad de mi generación. Innovadores los copies de SOHO…pero yo no cambio mi VEA.
¡Podrán arrancar las Televentas…pero no matarán la primavera!
RÉQUIEM POR LAS TELEVENTAS
(Auto-edited Version)
Para los muchos privilegiados que carecen de televisión paga y que tienen acceso las invaluables opciones nacionales de entretenimiento catódico, la calidad de vida ascendió desde la generación espontánea de las mal llamadas Tele-ventas. Digo mal llamadas porque Tele-ventas lo son todo en la televisión nacional: desde el azucarado Minuto de Dios, hasta los clips de Adry Tono y sus homólogas, pasando por el Mercedes que le vendieron a Betty y los reclutas que le aseguran los Hombres de Acero al Ejército. O sea: la televisión se hizo para entretener, educar e informar; pero, sobre todo, para vender. Decir, entonces, Tele-ventas es tan redundante como decir Audio-radio, Pseudo-falso o Mini-enano. No, entiendo, entonces, por qué la CNT las desterró de la parrilla televisiva.
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Cuál no sería mi sorpresa cuando, anteayer, tratando de buscar alivio a mi tedio semanal, en medio del zapping, me di cuenta de que la sagrada franja de las Tele-ventas estaba invadida por programas convencionales. Llame, indignado, a Inravisión y me informaron que habían sido suprimidas de la pantalla, chica…
Las Tele-ventas o le hacían daño a nadie. Por el contrario, nos mantenían al tanto de los nuevos avances de la tecnología. ¿A quién le importa el genoma inhumano, la clonación del curí o los efectos de la ingravidez en la masturbación? Mucho más útiles han sido para la vida humana moderna: el trapero que se exprime a sí solo, el limpiador de vapor para los rincones imposibles de la tina, el cuchillo que puede cortar chancletas, la chancleta que no la corta ni un cuchillo, el auricular para escuchar las confesiones ajenas, la crema que depila sin dolor al velludo Carlos Echeverry, el menjurje-light que alivió los traumas post-operatorios de la liposucción del Flaco Manosalva.
Las Tele-ventas han sido más útiles para los actores varados que todos los gremios que abogan por ellos sin mucho resultado. Era preferible para ellos echarse honradamente un par de milloncitos al bolsillo a punta de improvisación y carisma, en vez de memorizar un libreto escrito por Perogrullo o de meterse unas narco-bolsitas en el buche. El elenco de Sábados Felices y uno que otro ex-galán han pagado el arriendo perdiendo unos quilates de auto-estima durante una mañana en El Madrugón de Paloquema’o, ofreciendo todo tipo de prendas y accesorios a los mejores precios para los estratos 1, 2 y 3 (4, 5 y 6).
Las Televentas Fueron una fuente de empleo para cientos de personas que, de no ser por ellas, estarían de voceadores de almacenes El Planazo; y una terapia ocupacional para los desempleados que asisten a sus grabaciones. La reiterada aparición de sus productos hizo que muchas mentes creativas patentaran, día a día, invenciones que nos mantienen el vientre pétreo, la nariz kidmaniana, el pelo mohicano, la cerviz descansada, la colita sin estrías, el cerebro vacío de tanta inútil materia gris…y lleno de las más finas cucarachas.
Yo no sé qué sería de nuestras vidas vacías sin el double-burner, el tripple-sucker, el ab-shaper, el sub-normal, el magic-cleanner, el miracle-fisher, la llanta auto-inflable, el condón alargante, los métodos de inglés sin profesor y sin alumno, la auto-superación auto-mática. De no ser por las Tele-ventas no estaríamos enterados de su existencia… ¡Y nos las quitaron del medio masivo!
Yo no sé qué será de nuestras vidas sin las Tele-ventas. Los críticos mezquinos las aniquilaron con su cizaña. Los clientes resentidos las lapidaron. Los esbirros de la censura las echaron a la caneca del olvido…pero, aunque les duela, aún están arraigadas en nuestro inconsciente colectivo por aceptación/negación. Ya quisieran ese poder de sugestión las campañas estatales del mutuo respeto; ya quisieran esa fuerza solapada los anunciantes correctos.
¡Podrán arrancar las Tele-ventas…pero no matarán la primavera!

[1] Si EL TIEMPO vendiera el tiraje de EL ESPACIO, Sergio Cabrera ya habría rodado El Ciudadano Santos

viernes 10 de agosto de 2007

TESTIGOS DE JEHOVÁ... ¡BAH!


Uno está felizmente dormido (o tristemente enguayabado) en su camita (o en la ajena), luego de un sábado frenético, acompañado por un cuerpo tibio de cualquier sexo (o la babosa mascota personal), con el televisor bien apagado y las cortinas cerradas para evitar el sol asesino de las mañanas dominicales... un pequeño Nirvana casero. De repente, suena el timbre o la aldaba ¡a las 8:00 AM! ¿Será una culebra, la ex-suegra, el marido de la novia, los niños jugando rin-rin corre-corre, el cartero que llama dos veces? No... son ¡Los Testigos de Jehová!, aquel ejército de 6 millones de creyentes distribuidos de tres en tres por las puertas de 230 países para difundir la palabra de mi-señor-tu-dios... ¡y jodernos el día a los terrícolas de bien!
Aunque contestes por el citófono, aunque los atiendas por la mirilla, aunque entreabras mínimamente el portón, ellos se las arreglarán para atraparte con su magnetismo sin igual. Tres mujeres grises y anacrónicas, de largas y negras cabelleras retenidas con una hebilla de carey, gafas trifocales culo-de-botella-castalia, faldas kilométricas, sacos de gruesa lana y camisas victorianas apuntadas hasta la tráquea, tacones de baila’ora de flamenco venida a menos... y la cara inequívoca de quien nunca ha tenido un buen polvo. No sé por qué nunca ponen a los hombres en éstas y les dejan el chicharrón a las pobres muchachas.
No voy a meterme en los fangosos terrenos de la religiosidad, ni más faltaba. Cada quien hace de su culo un par de glúteos reza el refrán; y cada cual cree en lo que le da la gana. De eso se tratan la libertad de cultos y la tal tolerancia. Si hay una iglesia maradoniana, ya ve, ¿por qué no puede haber un grupo de gente que adore a Yahvé? Todo está bien, siempre y cuando no me toquen la puerta en horas y días tan sacros. ¿Acaso no ven en el marco de mi puerta la efigie del Topo-Giggio y mi leyenda de aquí ya tenemos nuestra religión, no insista?
Yo creo que la falla está en su sistema de mercadeo, muchachos. Un ejército de creyentes no se recluta a punta de timbre y abordajes de parque. Vivimos en un siglo de prisa y velocidad, y ya no hay tiempo para responder encuestas, ayudar con direcciones, congeniar con mimos, dialogar con falsos mudos; mucho menos para discutir en torno al fin de los tiempos con una desconocida desaliñada que nos quiere salvar del infierno en el que ya vivimos plácidamente. Yo no quiero saber qué significa el tercer versículo de la carta de San Pablo a los costarricenses. Yo lo que quiero es que Dios me revele el número ganador del baloto.
El mensaje divino hay que meterlo con técnicas de impacto. La revista La Atalaya penetraría fácilmente los hogares si le pusieran un crucigrama por dentro, una sección de chismes de sus miembros, bonos de descuento en los cementerios; pero, sobre todo, si le metieran empeño al arreglo de su fuerza de venta femenina. Hay que ponerlas sexys; y si no se dejan, pues contraten un equipo de modelos. Yo me convierto de una si una mañana de estas abro la puerta y me sale una rubia escotada que me salude con... ¡Hola, guapo! ¿Sabías que el Armagedón ya se acerca y que esta ciudad se vendrá abajo, como Sodoma y Gomorra? ¿Quieres salvarte conmigo? ¡Únete al club y te prometo que conocerás a muchas más como yo!
¡Cómo envidio a los que viven en edificios con administración o en conjuntos cerrados! Para ellos, los Testigos de Jehová son sólo un mito con el que no han tenido que lidiar. Es uno el que se devana los sesos pensando en todo tipo de estrategias para evadirlos y hacer que este mundo fluya en paz y armonía, con todos los santos, Jesús y María.

lunes 6 de agosto de 2007

¡OUCH, QUÉ ORGULLOSO!


¡Lo siento, abuelita! ¡Lo siento, tías! ¡Lo siento, mamá!…pero a mí no me gusta la música colombiana, más exactamente el Top 100 que RCN y Sonolux amalgamaron en aquel popular paquetaco de 5 CD’s atrevidamente titulado Las Cien Canciones del Siglo. No tengo nada en contra del grupo Ardila Lülle (Ellos hacen ricas cervezas y gaseosas), ni siquiera en contra de mi gente linda, mi gente bella, mi gente colombiana…pero sí lo tengo todo en contra de las canciones que nuestros ancestros nos han querido meter por las orejas de la conciencia desde el pre-kinder hasta el post-grado, de la cuna a la tumba, del crepúsculo al amanecer.
Me disgustan, básicamente, porque nos han querido hacer creer que eso es lo que somos, que en sus líricas está la real esencia de la colombianidad…. Ergo: yo no soy colombiano/la colombianidad es sinónimo de insania.
Tomemos algunos ejemplos:
Soy Colombiano (Rafael Godoy): La primera línea nos introduce ante el mundo como una parranda de alcohólicos: A mí deme un aguardiente, un aguardiente de caña… Probablemente, la musa inspiradora de este beodo verso fue el patrocinio subterráneo de la licorera paisana del autor. El hombre, más adelante, se queja de la supuesta mala calidad del licor foráneo…y de su alto costo: No me den trago extranjero, que’s caro y no sabe a bueno… Se nota, a leguas, la ausencia de gusto y el bajo presupuesto que aqueja el bolsillo de este viejito anisero. Por último, elogia las bondades de la santísima trinidad que le dan sentido a su vida: Muchachas, música y trago… ¿Qué otra cosa puede ser esto más que una paráfrasis tercermundista del legendario slogan “Sex, Drugs & Rock’n’Roll”, tan satanizado por seres como Don Rafael?
Guabina Chiquinquireña (Alberto Urdaneta). Yo, sinceramente, prefiero el descarado I wanna fuck you like an animal de Trent Reznor (el de Nine Inch Nails), incluso el andrógino I want your sex de George Michael (el de Wham!), a soportar la represión sexual que no puede ocultarse en las voces de nuestros Simon&Garfunkel: Garzón&Collazos…Ven, ven, niña de mi amor/Ven a mi ranchito, que te’spero con ardor. Niña de su amor, yo de usted no le hacía caso a este par. Quédese en su casa, más bien, porque tras las puertas de esa cabaña boyacense la espera de una lasciva noche de satirismo enruanado. Eros está inn.

El Sanjuanero (Anselmo Durán). El dúo Calzón Icollantas vuelve a atacar con una nueva apología del licor: sírvame un trago de a 5. Sírvame uno de a 50. Sirva y sirva sin descanso, hasta que pierda la cuenta. No hay mesura en esta canción…¡Qué irresponsabilidad administrativa! Las reinitas que bailan esto en el legendario concurso tolimense, le están rindiendo un tributo inconsciente a Dionisos... Y después se ponen bravos porque Andrés Calamaro confiesa humildemente que se va al parque a fumar un porrito. A todas éstas…¿Es el Sanjuanero un joropo?…¿En qué muladar se consiguen tragos de a 50?
Faltan 5 Pa’ Las 12 (Oswaldo Oropeza) Colombia no se jodió cuando mataron a Gaitán. Se jodió cuando se compuso esa canción, la más inductora al suicidio de toda la lista, la más gris, telerañuda y apocalíptica letra del repertorio criollo. Tanta alharaca genera, cada vez que suena todos los 31’s de diciembre a las cero horas, que el júbilo de fin de año (y la ebriedad) no les ha hecho caer en cuenta de la incoherencia cronológica que reza el estribillo del lamentillo... ¿Cómo es eso de que las campanas de la iglesia están sonando cuando faltan 5 pa’ las 12? Según la leyenda, las campanas esas suenan a la medianoche (00:00), durante los 12 primeros segundos del año, para que uno se trague las 12 uvas mágicas. Nunca suenan faltando 5 minutos para el lacrimógeno momento Kodak (23:55)…¿Quién demonios está allá arriba en el campanario? ¿Cuasimodo de Notredam, embalado por la cocaína santafereña?
Los Guaduales (Jorge Villamil) Ni Morrison, ni Hendrix, ni Joplin se pegaron la traba que se pegó Mr. Villamil aquella tarde otoñal en la ribera huilense. Un coctel de boñiga con telaraña con cabezas de fósforo y arroz envenenado le produjeron a este señor las más delirantes ilusiones audiovisuales del siglo: ante los ojos de este prolífico folklorista, unas estáticas guaduas comenzaron a llorar, reír, danzar y lanzarse al río Magdalena, al ritmo trancero de mirlas y cigarras… ¡Tremendo viaje, maestro Villamil!…¡Bájele al arroz, porque, de seguir así, alucinará con hombres-caimán, arañas peludas, iguanas cafeinoadictas o gatos voladores!
La lista es más larga…pero mi tolerancia es más corta.

jueves 2 de agosto de 2007

CERATI (desgracias...totales)


En general, mi problema es con todo el auto-denominado rock en español, oxímoron tan absurdo como el merengue en rumano, la salsa en mandarín o la champeta en euskarra; pero como había que especificar el odio, pues me voy, lanza en ristre, contra su baluarte: Soda Stereo, y su cabecilla: Gustavo Cerati, el gurú de aquella epidemia musical que gestaron, por allá en los 60’s, Palito Ortega y sus secuaces de la Nueva Ola -No todas las cosas buenas empiezan con ola-. Las secuelas fueron nutridas por una estirpe de cuyos nombres quiero acordarme, pero el espacio es insuficiente para tanta esterilidad. Mejor dicho, ¡yo fui el que lanzó la moneda contra la frente de Miguel Mateos en el Concierto de Conciertos de 1987, el año de la peste! De haber estado allí Cerati, habría sido un septiembre negro.
Cerati fue convertido en una leyenda viviente, de la noche a la mañana, como en muchos casos, gracias a las mujeres, enajenadas por su nariz de Cyrano pop, sus bucles negros como la noche argentina, sus ojitos de Petete con monchis, su macabro híbrido de fragilidad y sexapil...y ese acento que lubrica los tímpanos de toda hembra hispanoparlante que no habite el Cono Sur.
...¡Es que él es tan bello!, claman ellas, quienes, por estar embelezadas con sus atributos -No se le niega: el hombre es hasta bonito-, no les paran bolas a las letras tan...poco significativas, por ser eufemístico y literal. Y eso: aunque parezca visceral, mi diatriba es meramente lingüística, gramatical y...resentida. Cerati con su ceratismo se robó la atención y el amor de 17 de mis exnovias; se ganó mi enemistad, que un huevo le debe valer a este señor, quien morirá con la espina de NUNCA haber ganado un Grammy...¡Ja ja ja!...¡Justicia poética!
La música está bien: una excelente clonación del New Wave británico (The Cure, Tears for Fears, Depeche Mode, Talking Heads, The Cars, Euryhmics, New Order, Madness, et als.). Los videos... ¡ahí!, como para que no se diga. Los conciertos: euforia total de una generación que nunca la logró con el inglés y reclamaba una música en su idioma, propicio sólo para el tango, el son, el merengue, la lambada, el merecumbé, el bambuco, el vallenato y el suá-suá-suá (excelentes productos latinoamericanos de exportación).Lo que aún no
puedo creer que haya calado en el imaginario criollo son ¡las letras!
La prensa y la fanaticada las han rotulado de poesía pop -yo diría, más bien, popoesía-, porque dizque son surreales. Surrealismo, Gustavo, es, por si no lo sabías, la escuela estética que expresa lo que está sobre el realismo, haciendo uso de los mecanismos del inconsciente para comunicarse con el mundo exterior: el mundo onírico hecho arte...y no simplemente, lo que a mí se me viene a la cabeza, como alguna vez, a finales del siglo pasado manifestaste públicamente cuando te preguntaron por el método creativo de tus líricas. Una cosa es onirismo...y otra muy distinta, el orinismo, que es lo que tú haces: expeler palabras aleatorias, haciéndole creer a tu inocente audiencia, que significan algo. Pues no, Tavito...¡no significan nada!
Lo que Cyranni hace es, simplemente, utilizar un software llamado Lyrix2.0, el cual baraja aleatoriamente sustantivos y adjetivos. El programa relaciona arbitrariamente la constitución molecular de los unos con la de los otros. Así, por ejemplo: tu cuerpo es de látex (Nada Personal), acero inolvidable/ zoom anatómico (Zoom); el amor es como un océano de fuego (Corazón Delator), en este tiempo anfibio temo perderte (Primavera Cero), mi voz vegetal (Planta). Incluso el mismo nombre de la banda es un ejemplo de esta técnica rudimentaria...¡No, Gustav! El surrealismo no se construye a punta de ocurrencias, sino de discursos del inconsciente, inconsciente.
En ese orden de ideas, yo mismo he construido una canción a lo Roquenespañol, haciendo uso ilegal del software Lyrix2.0, para que vean que esto del ceratismo es soplar y hacer botellas de papel:

Serenata a Control-Remoto (by. Gonzalo Panzerotti)
Ayer soñé/que estábamos sentados de cabeza/No desperté/ Teníamos los cabellos de plastilina/Tu me escupías/balas blandas para matar salamandras blancas/Amaneció/y los rayos de sol subían por la tubería/(Y llovía y llovía)/El hombre llegó/El hambre, hasta el cuelló/La corbata que se puso/le apretaba la garganta/como un lazo de suicida/que sofoca la clepsidra