Podría llamarse Arturo, Gregorio, Felipe... cualquier trisílabo con pretensiones de grandeza; pero dejémoslo Luis Ernesto, ya que nos cuadra perfectamente para que lo apodemos Loosernesto, el tío perdedor, el que no la logró, el fiasco, el mediocre, el dejado, el fracasado no-casado o, en el mejor de los casos, divorciado. Ese miembro de la familia de nuestros padres al que incomoda invitar a las fiestas... pero que no le hace mal a nadie.
Loosernesto es el tío enfrascado en esa terrible franja cronológica de los 30.algo-casi 50: la edad en la que, según la leyenda, debemos ya haber plantado las bases del resto de nuestra vida loca, cuando las metas ya se vislumbran y se pone en práctica todo lo que aprendimos desde pre-kinder en Pequeños Genios hasta post-grado en el Instituto Triángulo de Barcelona. Ha comenzado seis carreras en universidades poco exigentes (desde Administración de Misceláneas hasta Electrofilosofía); pero siempre le ha hallado el pero al pénsum, al profesorado, los co-pupilos y hasta al portero, con tal de no admitir que la gran falla es él mismo. Predica, pero no aplica; se la hace y no lo hace; critica y no produce; sueña, pero dormido. Sobre todo eso: es un soñador de tiempo completo, de los que quieren un mundo mejor para las futuras generaciones de mutantes que serán aplastados por el fatal aerolito del 2014. Ha soñado un emporio en el que dará rienda suelta a todos sus ganas de tomarse el mundo (o una taza de chocolate)...todo desde el sofá que ya tiene la horma de sus flácidas nalgas, porque ¡sí que le hace falta ejercicio mental y corporal a este estorbo viviente!
El tío perdedor se la pasa, casi todo el día, en la casa, mirando TV (Discovery Chanel o Copa Mustang), oyendo noticias (que él ya las veía venir), navegando en Internet (que no paga), violando en su imaginación a lolitas asiáticas, divas americanas o sirvientas vecinales. Se jacta de que ha leído más libros de Borges; pero no pasa del prefacio de joyas como El Vendedor Más Sexy Del Mundo, Juan Salvador Gallina o Bandeja Paisa Para El Alma.
Cree en OVNI’s que aterrizan en Boyacá, y en ángeles jotamarianos que le harán ganar el Baloto. Para él, ningún presidente ha tenido las agallas para acabar con esta guerra sin sentido. Lo enuncia con todo gaitanesco, mientras engulle grandes raciones de cereal y vitaminas para nada. Vive aferrado a una moda inexistente, que copia de obsoletas series policíacas; y no abandona su par de botas de montañista para largas caminatas por los parques del centro, ni su par de tenis seniles para jugar banquitas con los cracks del barrio, quienes lo apodan Güevardo, Torombolo, Pink, yo qué sé.
Todas las novias que ha tenido (2) se espantaron a los 10 días, cuando se dieron cuenta de que el hombre no tenía medio plan para el futuro, y que su pene no excedía los 10 centímetros, ni resistía los primeros 10 minutos. Es el mejor amigo de todas las mujeres que no pudo tener, sólo por no decir la palabra correcta en el momento correcto en el universo correcto
Loosernesto está calvete y canoso, pero no por el estrés, sino por el descuido y la desidia psico-somática. Está gordo y sonriente, pero no por la buena vida, sino por el estancamiento y la erosión del alma... pero, eso si, se sabe todas las alineaciones de la selección Colombia desde que tiene cosciencia; conoce los comienzos de todas las baladas del pop latino, y nadie le ganaba en Guerra de Estrellas, Compre La Orquesta o El Precio Es Correcto... ¡Esos tiempos ya no volverán!... ¡Ya se acerca el Armagedón!... suele comentar ante la camada de sobrinos que no se quieren parecer a él cuando crezcan.
A pesar de todo, Campoelías, es relativamente útil: arregla todos los cables y tubos de las casas ajenas, cuida a los hijos de nadie, desatasca cerraduras, paga recibos, cambia bombillos, extermina mariposas, pasea al perro y al ratón, espanta testigos de Jehová y completa los crucigramas abortados.
Lo más escalofriante del tío perdedor es que, al menor descuido, podría ser cualquiera de nosotros.


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