
Nunca he sido un hombre de rumba. Para ser un hombre en este mundo contemporáneo hay que rumbear sacramentalmente. Por lo tanto, rumberamente hablando, no soy un hombre. Soy un pobre marica. Aunque ser marica también es una opción en Rumbalandia. Es más: hay que ser un poco eso para pasarla mejor. Pero no hablaré de mi sexualidad, sino de mi incapacidad genético-social para la rumba… ¡Azuca!
No puedo con la rumba, sencillamente porque se me hace un protocolo innecesario para llegar o relegarse en el camino de la sexualidad terrícola. Ya alguien lo dijo por ahí: “El baile es la manifestación vertical de un deseo horizontal”. No hay de otra: cuando rumbeamos no queremos demostrar cuán buenos o malos bailarines somos; no queremos “pasarla bueno”, al son de Wilfrido, Willie, Diomedes o Xuxa; no queremos socializar, canalizar, ni narcotizar. Lo que queremos es tirar, follar, joder; practicar el sexo genital, oral, anal; hacer el amor o hacernos la masturbación.
Para este corto o largo proceso desde el “¿Cómo te llamas?” hasta el “¿Tienes un condón de sobra?” se tiene que pasar por varias etapas a las que me niego rotundamente. Por eso mi semi-celibato… y lo grueso de mi cuenta bancaria, que no se ha escurrido en pagos de covers, tragos, taxis, residencias, ni anticonceptivos.
Dichos pasos son:
1.Escoger el sitio. Éste puede ser: a) La casa de un amigo o de un enemigo que sepa divertirse y divertir a sus invitados. Debe ser un chico/chica chévere y de ambiente, que tenga muchos discos, mucho trago y muchos cuartos amoblados, por si el sexo casual. b) Un rumbiadero donde haya ese X-Factor que hace que la gente diga que tal sitio es chévere, y que lo estará de moda durante una estación climática, suficiente tiempo como para que sus dueños caigan en la quiebra y aprendan de negocios o para que ahorren y pongan otro bar en la siguiente estación para un público totalmente distinto, que será el mismo. c) Un sitio neutral, al que el grupo de amigos irá por molestar y cambiar de rutina (p.ej. una funeraria, o una caverna de mala muerte, con música de antaño, de estaño o de Toño). En ese sitio ocurrirá lo que nadie imaginó: los enemigos se reconciliarán, el más casto hará strip-tease y yo me podré tocar por tres minutos a la mujer deseada por tres lustros, sin remordimientos.
2.Escoger un motivo. Cualquier motivo es válido para armar una rumba: un cumpleaños feliz, un cumpleaños infeliz, un matrimonio, un divorcio, un ascenso, un descenso, un gol, un terremoto extranjero. Ya está dicho: la rumba es lo de menos. Lo importante es el sexo o el no sexo, el estar cerca o lejos de los genitales de alguien, básicamente.
3.Armar el combo. El éxito de la rumba radica en el tipo de gente se escoge y la manera en que se integran dichos miembros. Los expertos recomiendan que haya más hembras que machos, para que, así, ellos tengan más posibilidades de diversidad; ya que, para ellas, todos los tipos somos iguales… y “si bailaste con uno, bailaste con todos”. Habrá, también, una que otra que guste del baile con integrantas del mismo sexo…(Lesbo’s Way) Todos deben conocerse o gustarse entre sí. Siempre habrá alguno, como yo, que no sepa bailar y que no esté de ánimo como para aprender en la década en curso. Sólo en casos excepcionales, una linda mujer dispondrá de su tiempo y paciencia maternal para enseñarle los pasos básicos de la salsa, el merengue, el jipjop, el trance y el porro. En la mayoría de los casos, el infeliz arrítmico deseará, más bien, armarse un porro para salir volando de ahí con la imaginación y verlo todo color de hormiga rosa.
4.Hacerse la fiesta a su manera. Ésta es la parte más complicada, subjetiva y personal de la dichosa rumba; ya que, como dice el viejo y conocido refrán: “Cada cual habla de la fiesta dependiendo de cómo le fue en ella”… o algo así. Si usted tiene la rumba en su sangre, nunca sufrirá, porque todo lo pensará, sentirá y digerirá rumberamente. Gritará como loco/a porque alguien timbró, porque el perro ladró, porque Celia dijo “¡Paprica!”… o loquesea. Hay otros, en cambio, que fingen felicidad, porque “hayquestarfeliz”… y “latristezasunaboleta”. Esos son los que aplauden al ritmo de las claves, hacen “¡Tss tss!” al unísono con los platillos de la Cumbia Cienaguera, y se muerden el labio inferior con los ojos blanqueados en éxtasis mal actuado. Hay quienes aprendieron a bailar y ejecutan las danzas aprendidas no por el placer del ritmo afrocaribeño, sino por necesidad de apareamiento o de descreste. Sólo quieren exhibir sus zonas erógenas para comprobar las innegables leyes sexuales de la especie. Sólo quieren hacer sentir mal a los pobres fulanos que nunca la logramos con los contoneos de la pelvis (En todos sus múltiples usos).
¡Comienza la rumba!
Natalia nos ha invitado a su apartestudio (Las únicas subdivisiones posibles son la alcoba, el baño y la cocina). Han terminado las clases en la U, y hay que celebrarlo con un foforro de dimensiones canaánicas. Ya se compraron las viandas (chitos, maní, caramelos… una de aguardiente, una de jugo de naranja y uno de cerveza). Todo esto para 30 personas aptas para procrear y que habrán de caber en un cubículo de 64 metros cuadrados de superficie alfombral. Llegará el fatal momento en el que el licor se acabará y se hará la inevitable vaca; momento en el que alguien (como yo) se hará el loco y colaborará con lo menos posible (Ojalá con la nulidad), porque no le gusta el trago y porque hay que dejar para la buseta de las 5:00 AM. La música, eso sí, será una fuente infinita, aunque conste de un solo cassette grabado por teléfono en una cinta adhesiva. Desde que algún ritmo rellene el espacio con vibraciones habrá ambiente para la rumba. Mejor dicho: la música es lo de menos, lo principal es el desfogue.
Por un lado fluye el diálogo: aquella macabra facultad que nos diferencia de los demás vertebrados y de las ostras. Hay que hablar de algo con alguien (o con un grupo de alguiens) sobre cualquier tema que se pueda digerir o en el que se pueda debatir vehementemente (como en la Guerrilla Deportiva) ante un tercero que se anonadará o se dará en el ano, siendo testigo de tamañas disquisiciones para nada sobre el costo de la vida, la vida del costo, el viejito del costal o la vida de Nika Kosta. Es más importante ser chistoso que ser profundo… o estar de acuerdo con alguien y tomar partido… y reír, reír como Dios manda, para que el ánimo no decaiga y se mantenga firme la cortina de humo que oculta la terrible certeza de ser finitos y poco finos ante la inmensidad del cosmos y de la explosión demográfica que produce seres mucho mejores o peores que uno.
Por todos los otros lados fluyen las miradas de todos contra todas (Digamos que es una fiesta heterosexual). Comienza la selección natural de rayos visuales, de aspectos, de pintas, de apariencias, de atuendos y auras: La feria del ego y la ejecución de todos los trucos de seducción aprendidos en los últimos diez años de la vida (desde la primera polución nocturna o la menarquia hasta la más reciente manuela). Los chicos babean por las chicas y comentan entre ellos sus partes inaccesibles, sin atreverse a dar el zarpazo o a zarpar (única prueba de vida masculina que ellas esperan). Algunos lograran lo mínimo: sacar a bailar a una mujer. Siempre que yo lo intento, éstas me responden que están cansadas, que les duele la cabeza, que ésa no les gusta, que les dio un ataque de apoplejía, que no hablan español, que está temblando o, sencillamente, que me detestan. En los tres casos históricos en que me han aceptado bailar una pieza, ha sido mi tía Gladis la afortunada. Nadie nunca la saca a bailar, y cuando me ha encontrado solo tirado en un rincón, me agarra de los dedos con desespero sudoroso, sacándome yucas, como si requiriera del baile para sobrevivir a esa soledad que la carcome, que nos carcome. Sólo que yo lo disimulo con más dignidad.
Los que la logran tienen dos opciones: bailar mal o bailar bien (Ellas están eximidas de este juicio. Cosa que me parece injusta).
En el primer caso (la mayoría de la población), eso se compensa con una buena parla (Recomendabilísimo tener cinco o setenta apuntes graciosos para que la risa emborrache a su pareja, haciéndola obviar el pésimo ritmo de sus pies). A pesar de que durante siglos funcionó, ya estamos en una nueva era y deberíamos sustituir el ajado cuestionario de “Comotellamas”, “Cuantosañostienes”, “Estudiasotrabajas”. La liberación femenina y la proximidad del aerolito fatal que aplastará a todo el barrio permiten preguntas del tipo “¿Con qué frecuencia ovulas?”, “¿Has copulado con un armadillo?”, “¿Quién es tu papá?”. Estas dinámicas contemporáneas permiten una aproximación más expresa hacia el túnel luminoso del apareamiento humano. Pero ¡ojo! Sólo llegan a feliz término cuando se dicen las palabras precisas en el momento preciso… y eso sólo lo sabe Midiós o los tocados por su lengua de fuego.
Y, finalmente, están los malditos trompitos, que se creen los dueños de la fiesta, los que tienen todas las de ganar, los que no morirán de inanición…¡Maldita sea!… ¿Por qué nunca le hice caso a mi mamá cuando me decía que bailara más con la tía Gladis? Que ella podía ser fea y todo; pero era una excelente maestra de danzas populares. En la infancia aprendemos cosas tan inútiles como las reglas del Yermis, el orden jerárquico de los Pitufos, las líricas del Himno Nacional, el alfabeto occidental. En vez de habernos concentrado en el ocho, el torniquete, el amacice o, por lo menos, el vil trencito para agarrarle la cintura a una vecina… ¡Bah! Mejor me salgo a ver dónde van los de la vaca y me trago todo el trago de la fiesta que no deja de estar aburrida.

4 píos:
Lo de "El baile es la manifestación vertical de un deseo horizontal" es una frase Horacio Calle que seguramente quedó grabada en tu tierna mente de primíparo javeriano. Y yo que pensaba que estudiar comunicación no servía para nada. Coincido contigo en todo, eliminado el celibato, salir a rumbiar se vuelve innecesario pues no es sino mirar al otro lado de la cama para encontrar con quien reproducirse, será por eso que ya no salgo? Te faltó ennmerar como música posible la de una guitarra tocada por un desafinado cantante de nueva trova a la luz de la chimenea, con los corazones alegres por el vino caliente y el prospecto de una enorme casa cuyos dueños están de viaje y cuyos cuartos están a la disposición de todos los rumberos, incluída la hija de los dueños: un verdadero ejercicio contracultura para mí, una costeña que en su vida había probado un lomo al trapo ni sabía quienes eran Silvio Rodríguez ni Pablo Milanes, mejor dicho la propia rumba de cachacos!
Vaya, vaya. Curiosa pero efectiva forma de describir esa suerte de ritual erótico que es una rumba. Remitiéndonos a la Grecia antigua, lo erótico y lo tanático, siempre en oposición, regían (rigen) las emociones humanas: desbalance total, la lúmpen siempre se queda con lo sabroso, lo erótico.
Rituales dionisíacos en los que el licor, las hembras y los orgasmos (reales o fingidos) están a la orden del día. Uno no sabe si es mejor saber bailar o no, si beber o no, si ser un rumbero o el típico "aguafiestas". De cualquier forma se la pasa muy mal... todo empieza a carecer de sentido.
jajajaja esta una chimba, oe mi bro cuando se pasa por la universidad libre... es excelente haber encontrado su blog pense ke era un fan mas de los cuentos :P pero pues seria muy bueno poder contactarlo para saber si se puede pegar la rodadita por la Universidad libre sede bosque popular. los jueves hay cuenteros alli y seria de gran agrado tener uno de su calibre y grandiosa forma de decir las cosas
Sin dudas a lugar, amigo Gonzalo, mejor descripción no pude encontrar para enfrentarme a la puerca insistencia de quienes se empeñan en creer que las bacanales (de cualquier nivel) tienen algún sentido para alguien en pleno uso de sus cinco (seis) sentidos. Me tomaré el atrevimiento pues de enlazar vuestro blog...
Saludos, F.
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