jueves 28 de febrero de 2008

LA LEY DE MONCHO


La Ley de Moncho es la versión tercermundista, criolla y chichipata de la Ley de Murphy. Si la Ley de Murphy se resume en la afirmación Todo lo que puede salir mal, saldrá mal… La MDEG bien podría ser Los objetos siempre nos la van a ganar. Mejor dicho: todas las cosas que ha inventado el hombre, desde la rueda hasta el viagra, desde el alfiler hasta la bomba atómica, el lápiz, el cordón, el serrucho, el martillo inalámbrico, el televisor, el teléfono, el teleférico, el telebolito, etc. Mejor dicho: todos los objetos, aparatos, cachivaches, cuchuflíes y consianfirulos creados por el hombre para el beneficio de la raza parecen que nos la quisieran montar y no dejarse manipular por nada del mundo y hacernos la vida imposible y ¡em-pu-tar-nos!
¿A ustedes no les ha pasado que llegan de alguna fiesta de sexo, drogas y merecumbé, perros de la jincha, con el cerebro destrozado por tantos ochos, trencitos y tragos, luego de haber soportado, de chorro, un potpurrí con El Gato Volador, El Baile del Perrito, El Vena’o, El Comején, la Vaca Vieja, el Chapulín Colorado… y todos los animales del hit-parade bailable? Llega uno sin ganas de pensar y con ganas de tirar… se va a la cama semi-doble de soltería, vestido y alborota’o… pero ¡hay que quitarse la ropa!, ponerse la piyama o empelotarse. Uno, con el racimo de neuronas que trabajan en el horario extendido, no quiere encender la luz, porque sería mortal para la pupila. Uno hace un estriptís de tres pesos para nadie: la chaqueta, la corbata, la camisa, el pantalón… Pero, para quitarse el pantalón, hay que quitarse primero los zapatos… y, para quitarse los zapatos, primero hay que desatar los cordones de los zapatos… Pero usted no quiere pensar a las 3:00 AM. Así que se arriesga a deshacer el nudo en la oscuridad… Desamárreselos como se los desamarre… ¡¡¡en los cordones siempre se armará un maldito nudo ciego!!!… ¡Es la Ley de Moncho!
¿A ustedes no les ha pasado que llegan del trabajo al apartamento de soltero/a, mamados de tanto estrés, esmog y estriptís, con el cheque de la quincena que olvidaron consignar el viernes antes de la Semana Santa, sin nadita qué comer, con ganitas de llorar… y mucho sueño? Ya está oscuro, y uno quiere encender alguna luz… Se enfrenta ante un par, un trío o un cuarteto de suítcheses o interrúptors… y tiene que pensar, por una décima de centésima de milésima de minuto, cuál es el suitche o interrúptor correcto… Espiche el que espiche… ¡¡¡Nunca se va a encender el maldito bombillo que usted quiere que se encienda!!! Si va pa’l baño…. ¡Switch!… Enciende el de la alcoba. Si va pa la cocina… ¡Switch!… Enciende el de la sala. Si va pa’l patio… ¡Switch!… El del poste de la esquina… ¡Es la Ley de Moncho!
La Ley de Moncho es la que nos impide cerrar correctamente la puerta del taxi. Siempre la cerraremos o muy duro… ¿Me la va a dejar giratoria o qué, patrón?… O muy pasito… ¡A ver si se toma la sopita!… ¿no?. La Ley de Moncho es la que no deja que ensartemos la llave en la cerradura al primer intento; la que nos hace equivocar en la digitación del último número en el engorroso proceso de pagar los servicios con la tarjeta débito vía telefónica… Bienvenido a fonocosito… Recuerde que en este milenio tenemos más servicios para usted. Ahora podrá pagar hasta las cuentas de su amante con nuestro sistema super-rapi-pronto… Bla bla bla bla bla bla bla bla bla… Yo no quiero que la voz de Mariacé Botero me diga qué debo, puedo y/o necesito hacer con mi tarjeta débito… ¡¡¡Si mi saldo es cero pollitos!!!
Pero de todas las maldiciones del garabato, la que más me emputa es la de las tarjetas débito (La invención de las tarjetas débito ha sido un mal necesario para la vida moderna). Nosotros, los humanos, fuimos los inventores de estos rectangulitos de plástico, con banda magnética, colores llamativos, logo corporativo, códigos y firmas… ¡Pero con todo el poder de LM G en su máxima expresión!
Yo tengo cuenta de ahorros en tres corporaciones distintas [con un saldo de $5000 pesos en cada una (para descrestar a las chicas materiales y despistar a los chicos del paseo millonario)]. Cuando las uso en los cajeros automáticos, es un infierno digital, que da para un show de 90 minutos… y que no voy a relatarles aquí, porque las tarjetas débito son lo que más me emputa… y uno no debe patear la lonchera.
Lo que realmente me emputa no es la tarjeta en sí…¿sí?, si no el ritual ante las máquinas. Hay algo más infernal que los cajeros automáticos cuando se trata de usar la tarjeta débito: las filas de atención al cliente. Uno está todo contento en ellas y le hace muecas a los que tienen que hacer la otra fila… ¡Lero, lero!… ¡Ustedes tienen la pinche libreta y se van a demorar un siglo! ¡Yo sí tengo tarjeta débito y voy a salir de esta vuelta rapidísssimo!… Pero no… ¡La Ley de Moncho me espera! Una vez llego a la ventanita, comienza la peor pesadilla de las vueltas bancarias. Se trata de ese tecladito miniatura por el que hay que pasar la tarjeta… Y la cajera automática, que no tiene corazón, que sonríe sólo en los comerciales, que no se conmueve por mi carisma, me somete al duelo del siglo… ¡Buenas tardes/noches/ días, señorita cajera! ¿Será que puedo retirar, manquesea, 5mil pesitos? Porque resulta que’ll cajero me deja retirar mínimo 20mil, y yo necesito es 100 pa completar los 700 de la buseta para ir a la oficina por mi cheque de 250mil para consignarlo y luego pagar vía teléfono la cuenta del teléfono cortado, bla bla bla bla bla bla bla… ¡Pase la tarjeta, por favor!… Y uno la pasa… pero ¡la Ley de Moncho hace su aparición! Nunca nadie la dará al perrito del tecladito de la ventanilla del banco en el primer intento… Siempre la pasaremos por el lado equivocado… ¡Por el otro lado, por favor!, dice ella con tono de robot… ¿Por el otro lado, desde el punto de vista de quién, señorita cajera?… ¡Por el otro lado, por favor!… Ella repite. A ella le vale huevo. Así dice su libreto. Ella no quiere pensar por nosotros… Y uno la pasa por el otro lado… ¡Por el otro lado, por favor!… Y uno la pasa por el otro lado… ¡Por el otro lado, por favor!… Y uno la pasa por el otro lado… ¡Por el otro lado, por favor!… ¡¡¡¿Pero, acaso, cuántos lados tiene una tarjeta débito?!!! Eso no es lo peor… Hay una tarjeta en particular[1], que, por querer ayudarlo a uno a hacer el proceso más ágil, multiplica la posibilidad del empute. Esta tarjeta tiene ¡¡¡dos bandas magnéticas!!! O sea que tiene, por lo menos ¡¡¡16 otros lados!!!… ¡En el otro sentido, por favor!… ¡Señorita cajera… Yo sólo conozco el sentido común!
Afortunadamente ha llegado para gente como uno, que se ahoga en un vaso de agua oxigenada, que le halla la cuarta pata al trípode y se mete en camisas de once balas…
[1] Davivienda

LA TÍA GLADIS


La tía Gladis ya merodea los 50, cálculo que tiene un margen de error de 10 años hacia adelante y hacia atrás. Gladis merodea a los 50 amigos de sus 50 sobrinos, amigos entre los 15 y los 25, carentes de ganas de tía ajena. Ella nunca estuvo buena cuando le correspondía; y, sólo hasta la víspera de la menopausia, se preocupó por agradarle al género masculino, justo cuando ya no le interesa a sus coetáneos, demasiado jartos para ella, la vanguardista, la chifloretas, la irrrreverente, la que sí entiende a esta generación, la que quiere estrenar el sexo de todo vecinito imberbe que se le atraviese en la sala-comedor; la solterona, la sardinera, la cuchi-barbie.
El término sardinera, para que lo entiendan los nacidos después de Argentina-78, es una derivación de sardino/a, expresión[1] que nuestros ancestros utilizaban para referirse a la adolescencia degenerada generada por ellos. Tal vez la metáfora se deba a la frescura que exhalan estos pescadillos, recién abierta la lata que los contiene; a la gracia con la que debieron haber movido el esqueleto antes de ser atrapados para el engullimiento. Sardinero/a es, por lo tanto, el/la que come sardinas/os.
El término cuchi-barbie, para que lo capten los nacidos antes de Woodstock-69, proviene del híbrido de las palabras cucha (coloquial manera de llamar a las hembras de la tercera edad) y Barbie (que no es el segundo apellido de Klauss, el doctor nazi del Holocausto; sino el nick-name de Bárbara, la muñeca (de plástico) más popular de la post-guerra). O sea: cuchi-barbie es una vieja con ínfulas de muñeca juvenil, que, en el caso masculino, equivaldría a cuchi-ken.
Gladis, la tía, es todo eso y lo siguiente...
Se baña diariamente y se arregla metódicamente, diseñando las armas fatales con que atrapará a su presa impúber de fin de semana... pero no parece: la flacidez de sus axilas y la sequedad de su piel de zapa contradicen sus intenciones. En la película de su sexualidad, se imagina despampanante; pero es, tan sólo, decepcionante. Si, tan sólo, admitiera su edad y su caducidad como vampiresa criolla, tal vez, lograría algo (La honestidad abre puertas insospechadas). No es que esté del todo mal: aún aguanta (En tiempos de guerra, cualquier hueco es trinchera); es la actitud lo que la hace indeseable (en el sentido sexual de la palabra). Por lo demás, es un carnaval ambulante: echa chistes verdes, enseña a bailar a los inmóviles, ameniza las fiestas de fin de año y los cumpleaños, invita a cine y a paseos, cuenta anécdotas stop-secret de sus demás parientes... pero, en el fondo de su libido, yace el hambre de cuerpos vírgenes, hambre que no solapa... ¡Un, Juanca...Yo no sabía que tenías un amigo tan “churro”!...¡Venga, m’ijo: no sea tímido que yo no como gente!...¡Cómo está de grande usted, hola! ¿Cuándo me saca a “rumbiar”?, etc.
A la pobre Gladis sí que le gusta el traguito, incluso la yerbita. Cuando se toma sus guaros, la sangre se le alborota y la carne se le ablanda: agarra, sin permiso, a todo ciudadano reciente para que baile, a regañadientes, La Feria de Manizales, Sobre las Olas, El Jardinero, La Escoba, El Mosaico Imperial... y, cuando está atrevida, El Aserejé o El Gorila... Lo hace sin descaro, embutida en un slack de cuero de tía de becerro, que le llega hasta el diafragma; y el tórax semi-cubierto por una blusa transparente de malla negra, telaraña en la que atrapa sus deseos de volver a sentir aquello nuevamente. Baila con cara de agonía, blanqueando los ojos, tomando de la punta de los dedos, sudorosa, las manos de nosotros, su evasiva esperanza de conexión con lo real. Luego de 333 ochos merengueros, cae rendida en el sofá, a comer pavo, por enésima vez. No faltará, eso sí, el amigo cuchi-barbista que le dé su merecido... y pase, gratis, a la madurez.
No le demos tanto palo a la tía Gladis (cosa que ella agradecería en estas noches solitarias); dejémosla en paz: ella es un miembro del álbum familiar criollo al que hay que respetar. Sin su dionisíaca influencia, nunca hubiéramos conocido el sentido del deseo. Si tú, amiga lectura, no aprovechas esta época de libertad, puedes llegar a ser la tía Gladis de nuestra prole desencantada.
[1] De los mismos creadores de coca-colo, chupar piña, amacizar y maracachafa

EL TÍO LUIS ERNESTO


Podría llamarse Arturo, Gregorio, Felipe... cualquier trisílabo con pretensiones de grandeza; pero dejémoslo Luis Ernesto, ya que nos cuadra perfectamente para que lo apodemos Loosernesto, el tío perdedor, el que no la logró, el fiasco, el mediocre, el dejado, el fracasado no-casado o, en el mejor de los casos, divorciado. Ese miembro de la familia de nuestros padres al que incomoda invitar a las fiestas... pero que no le hace mal a nadie.
Loosernesto es el tío enfrascado en esa terrible franja cronológica de los 30.algo-casi 50: la edad en la que, según la leyenda, debemos ya haber plantado las bases del resto de nuestra vida loca, cuando las metas ya se vislumbran y se pone en práctica todo lo que aprendimos desde pre-kinder en Pequeños Genios hasta post-grado en el Instituto Triángulo de Barcelona. Ha comenzado seis carreras en universidades poco exigentes (desde Administración de Misceláneas hasta Electrofilosofía); pero siempre le ha hallado el pero al pénsum, al profesorado, los co-pupilos y hasta al portero, con tal de no admitir que la gran falla es él mismo. Predica, pero no aplica; se la hace y no lo hace; critica y no produce; sueña, pero dormido. Sobre todo eso: es un soñador de tiempo completo, de los que quieren un mundo mejor para las futuras generaciones de mutantes que serán aplastados por el fatal aerolito del 2014. Ha soñado un emporio en el que dará rienda suelta a todos sus ganas de tomarse el mundo (o una taza de chocolate)...todo desde el sofá que ya tiene la horma de sus flácidas nalgas, porque ¡sí que le hace falta ejercicio mental y corporal a este estorbo viviente!
El tío perdedor se la pasa, casi todo el día, en la casa, mirando TV (Discovery Chanel o Copa Mustang), oyendo noticias (que él ya las veía venir), navegando en Internet (que no paga), violando en su imaginación a lolitas asiáticas, divas americanas o sirvientas vecinales. Se jacta de que ha leído más libros de Borges; pero no pasa del prefacio de joyas como El Vendedor Más Sexy Del Mundo, Juan Salvador Gallina o Bandeja Paisa Para El Alma.
Cree en OVNI’s que aterrizan en Boyacá, y en ángeles jotamarianos que le harán ganar el Baloto. Para él, ningún presidente ha tenido las agallas para acabar con esta guerra sin sentido. Lo enuncia con todo gaitanesco, mientras engulle grandes raciones de cereal y vitaminas para nada. Vive aferrado a una moda inexistente, que copia de obsoletas series policíacas; y no abandona su par de botas de montañista para largas caminatas por los parques del centro, ni su par de tenis seniles para jugar banquitas con los cracks del barrio, quienes lo apodan Güevardo, Torombolo, Pink, yo qué sé.
Todas las novias que ha tenido (2) se espantaron a los 10 días, cuando se dieron cuenta de que el hombre no tenía medio plan para el futuro, y que su pene no excedía los 10 centímetros, ni resistía los primeros 10 minutos. Es el mejor amigo de todas las mujeres que no pudo tener, sólo por no decir la palabra correcta en el momento correcto en el universo correcto
Loosernesto está calvete y canoso, pero no por el estrés, sino por el descuido y la desidia psico-somática. Está gordo y sonriente, pero no por la buena vida, sino por el estancamiento y la erosión del alma... pero, eso si, se sabe todas las alineaciones de la selección Colombia desde que tiene cosciencia; conoce los comienzos de todas las baladas del pop latino, y nadie le ganaba en Guerra de Estrellas, Compre La Orquesta o El Precio Es Correcto... ¡Esos tiempos ya no volverán!... ¡Ya se acerca el Armagedón!... suele comentar ante la camada de sobrinos que no se quieren parecer a él cuando crezcan.
A pesar de todo, Campoelías, es relativamente útil: arregla todos los cables y tubos de las casas ajenas, cuida a los hijos de nadie, desatasca cerraduras, paga recibos, cambia bombillos, extermina mariposas, pasea al perro y al ratón, espanta testigos de Jehová y completa los crucigramas abortados.
Lo más escalofriante del tío perdedor es que, al menor descuido, podría ser cualquiera de nosotros.